Fiódor Mijáilovich Dostoyevski falleció el 9 de febrero de
1881. A 145 años de su aniversario luctuoso, el aporte del escritor ruso a la
literatura superó el ámbito europeo y se convirtió en un referente de la
literatura universal.
Sus obras siguen siendo aclamadas tanto por el público
lector como por escritores de distintas épocas, entre ellos Franz Kafka y
Gabriel García Márquez. Pero quizá uno de los autores que se vio influenciado
con mayor fuerza fue Jack Kerouac, mariscal de campo de la generación beat,
quien reformuló las bases de la literatura anglosajona.
Crimen y Castigo (1866) suele considerarse como la obra
mejor lograda del autor ruso. En ella seguimos a Rodión Raskólnikov desde la
gestación intelectual de su crimen, hasta la ejecución, y el castigo
psicológico que sufre hasta el punto de padecer imparables dolores de cabeza.
Muchos análisis literarios apuntan a que el aporte de este
libro se enfoca en el seguimiento psicológico del criminal, llamándolo como un
texto imprescindible para los estudiantes de leyes para conocer la psicología
del delito. La ambición de Dostoyevski va mucho más lejos: no se limita a
explicar el crimen, sino que cuestiona las condiciones sociales, morales y
materiales que lo vuelven posible.
Al presentarnos un anti héroe —un protagonista moralmente
cuestionable, lejos de cualquier modelo ejemplar—, Dostoyevski subraya desde el
inicio que estamos frente a un sujeto aislado, empobrecido y socialmente
segregado.
Y esta ha sido la intención de su obra en general: conocer a
las personas de las que nadie habla, de los marginados y de los sujetos que la
sociedad prefiere no mirar. Esta fue, precisamente, una de las lecturas que
hizo Jack Kerouac del autor ruso.
No es casual que En el camino (1957) dialogue con esta
tradición. En ella, Kerouac construye otro antihéroe, Dean Moriarty, a quien
describe como un ángel que interiorizaba el beat del jazz, pero tenía actitudes
y acciones insoportables y hasta autodestructivas. Bajo la mirada de
Dostoyevski hubiera sido, sin lugar a dudas, un humillado y ofendido; un sujeto
incapaz de incorporarse en las lógicas sociales que exigía la moralidad del
american dream.
Actualmente, estas propuestas literarias conservan vigencia,
pues continúan siendo herramientas valiosas para pensar la pobreza, la
exclusión y la segregación que millones de personas continúan viviendo.
Tal vez el mensaje que Dostoyevski nos dejó, desde finales
del siglo XIX, fue que nadie elige nacer y vivir en condiciones precarias
dentro de una sociedad hipócrita que criminaliza la pobreza, mientras que las
acciones vomitivas de un par de millonarios se llegan a poner en duda, a pesar
de la excesiva cantidad de documentos que las prueban.


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