El banderazo de Margarita Gonzalez Saravia: cómo el poder fabrica candidatos

Que nadie se confunda, lo que ocurrió hace una semana cuando al término de la conferencia matutina de la gobernadora no fue un anuncio espontáneo, fue un acto de imposición disfrazado de gestión pública.

 

Margarita González Saravia convocó a medios de comunicación para presentar avances del agua, de la Ceagua, de la infraestructura hídrica. Nadie discute el agua, sino lo que vino después: Javier Bolaños Aguilar, el veracruzano de abolengo panista, esperó a que la gobernadora terminara, tomó el micrófono, aprovechó cámaras, reflectores y audiencia pagada con dinero público, y anunció su renuncia como secretario ejecutivo de la Ceagua para buscar la alcaldía de Cuernavaca. Minutos después, la propia gobernadora publicó en sus redes una fotografía abrazada con él. “Agradezco y reconozco el trabajo realizado durante su gestión en favor de la población”, escribió. En el lenguaje del poder, eso equivale a una bendición oficial.

 

No fue un anuncio político, fue un operativo de Estado; y si alguien creyó que ahí terminaba, que fue iniciativa propia, que sepa lo que ocurrió días después: el sábado 9 de mayo, en pleno festejo del Día de las Madres, Bolaños ya se paseaba ante cuadros y simpatizantes como candidato prácticamente ungido. Convivencias, abrazos, fotos, territorio recorrido. Todo fuera de tiempos electorales. Todo sin proceso abierto, sin convocatoria, sin encuesta.

 

En política no hay casualidades hay línea. La secuencia es demoledora: primero la gobernadora le presta la conferencia y le da la bendición pública y el sábado el mismo personaje recorre territorio como si la candidatura ya estuviera resuelta. ¿Con qué respaldo político se mueve así un aspirante recién salido del gabinete? ¿Quién le abre las puertas? ¿Quién le arma los eventos? ¿De dónde viene la señal? Todo apunta al mismo lugar.

 

ENTRE OTRAS COSAS: Mientras Bolaños recorre calles con el impulso del poder detrás, las mujeres morelenses que también aspiran reciben otra respuesta: el silencio. Alejandra Flores, directora del Instituto Morelense de Radio y Televisión, renunció para buscar un espacio político. La gobernadora ni la mencionó, ni en el boletín, ni en la conferencia, ni en las redes. Silencio total hacia quien la acompañó en campaña, quien caminó con ella, quien puso la voz del movimiento al servicio de su causa.

 

María del Carmen Flores, esposa de secretario de Salud Mario Ocampo, directora de Vinculación del ICATMOR, también renunció para buscar la presidencia municipal de Puente de Ixtla. Tampoco existió para la gobernadora. Ni reconocimiento, ni gesto, ni menciónAÚN HAY MÁS

 

LA DE HOY: ¿Por qué ese desprecio hacia las mujeres morelenses que se atreven a dar el paso? ¿Por qué el silencio absoluto para quienes dieron y la alfombra roja para quien llegó de fuera?

Margarita González Saravia es la primera mujer gobernadora de Morelos. eso debería traducirse en solidaridad política real con las mujeres de su propio equipo. En cambio, tiende el tapete rojo a Javier Bolaños, un fuereño con pasado panista, con trayectoria que contradice punto por punto los principios de la Cuarta Transformación. Ese es el hombre al que la gobernadora le levanta la mano en Morelos.

Y entonces la pregunta que retumba y que debe responderse en la Ciudad de México: ¿sabe la presidenta Claudia Sheinbaum lo que está ocurriendo en Morelos? Porque ella estuvo en el movimiento del 2006. Ella vivió el fraude, sabe perfectamente lo que representó ese proceso y quiénes estuvieron del lado equivocado de la historia.

 

Conclusión: El agua fue el pretexto. Las madres la coartada. La imposición fue siempre el fondoHASTA LA PROXIMA.

 

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