El costo de la guerra entre países de Europa del este y de medio oriente así como la comercial originada por Estados Unidos en contra de México provocan disminución en la producción agrícola nacional, incremento de precios en fertilizantes propiciado por aumento del petróleo y caída de precios en el mercado internacional de maíz blanco en -6% y amarillo en -8%, realidad que se suma a la falta de crédito y apoyo gubernamental donde la agricultura social enfrenta una severa obsolescencia técnica, alertó José Amadeo Hernández Barajas, Presidente del CEN de la Central Campesina Independiente.
Al encabezar el LXII Congreso Agrario Nacional ante más de 300 representantes ceceistas de 25 estados del país, el dirigente de la CCI demandó al Gobierno Federal “un diálogo incluyente y positivo para con la sociedad rural a fin de delinear una política de Estado a favor del Campo”.
Se busca, dijo, una política de Estado que dé certidumbre a los productores en cuanto a apoyos productivos y para la comercialización; que traiga paz y armonía en las comunidades rurales y que siente las bases para garantizar la producción y el acceso de los alimentos de los mexicanos.
Las guerras y aranceles están generando la caída de las remesas, expulsión masiva de migrantes, aumento en los precios de los energéticos y de no frenarse esta realidad pronto habrá inflación y recesión mundial.
Dejó en claro José Amadeo Hernández Barajas, que México reciente estos cambios ya que mientras la política comercial de Estados Unidos provoca estancamiento de inversiones, la Reforma Judicial y la Reforma Electoral en el país frenan el crecimiento económico, la creación de empleo y el ingreso de la población, subrayó.
Aseguró que una economía estancada favorece las condiciones de atraso y pobreza donde a pesar de lograr buenas cosechas, los productores pierden porque los precios de sus productos son inferiores a sus costos de producción derivado de la falta de capacidad financiera del gobierno para apoyarlos.
Afirmó que la fuerza de trabajo del campo también está en crisis pues la mayoría de los productores tienen más de 55 años y no hay interés de los jóvenes en la agricultura debido a la poca rentabilidad y altos riesgos mientras que los propietarios de la tierra se aferran a ella como un seguro de vida ante la falta de seguridad social.
Recordó que por falta de crédito la agricultura social enfrenta una severa obsolescencia técnica ya que la mayoría de los tractores cumplió su vida útil y, por falta de programas de extensionismo, ha desaparecido la transferencia tecnológica y la capacitación.


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