En un contexto donde las amenazas digitales evolucionan cada día, las contraseñas siguen siendo una de las primeras líneas de defensa de las empresas, pero también uno de sus puntos más vulnerables.
De acuerdo con el estudio Lenguaje Digital de Kaspersky, uno de cada tres empleados en México (37%) reconoce que nunca ha cambiado la clave de acceso a la red corporativa, mientras que un 40% afirma que solo lo hace cuando la organización se lo exige. Si bien un 50% indica que renueva sus credenciales cada 3 a 6 meses, una práctica positiva, este hábito aún no se encuentra plenamente adoptado de forma transversal en el entorno laboral de la región.
Se trata de una realidad que desafía a las empresas, no solo del país, sino de toda la región: las contraseñas débiles o reutilizadas continúan siendo una de las principales puertas de entrada para los ataques en entornos corporativos.
Los ciberdelincuentes aprovechan estos errores principalmente a través de ataques de fuerza bruta, una técnica utilizada para intentar acceder a una cuenta o sistema probando de manera automática una gran cantidad de combinaciones de contraseñas hasta encontrar la correcta.
Se trata de un ataque que suele apoyarse en programas que utilizan miles de intentos en pocos segundos y es especialmente efectivo cuando se usan claves débiles, repetidas o fáciles de adivinar.
Otra técnica que sigue siendo utilizada para atacar a las empresas son las campañas de phishing, en las que engañan a empleados para que entreguen sus datos de acceso en sitios o correos falsos que imitan servicios legítimos. En ambos escenarios, el uso de contraseñas simples, predecibles o repetidas amplifica el impacto de los ataques y facilita el acceso no autorizado a los sistemas internos.
Las consecuencias de esta mala gestión de credenciales de acceso pueden ser graves para las organizaciones. Una contraseña débil puede derivar en accesos no autorizados y robo de información sensible, como datos de clientes, contratos o documentación estratégica. Además, si los atacantes comprometen cuentas clave, pueden provocar interrupciones operativas, bloquear sistemas, alterar procesos o desplegar malware, generando pérdidas económicas y afectando la continuidad del negocio.
A esto se suma el daño reputacional y los riesgos legales, ya que una filtración de datos puede deteriorar la confianza de clientes y socios, además de exponer a las empresas a sanciones por incumplimiento de normativas de privacidad y protección de datos.
“Es seguro afirmar que la mayoría de los colaboradores en las empresas públicas y privadas apenas cumplen con los requisitos básicos para las contraseñas que usan en el trabajo. Es deber de las organizaciones educarlos y exigirles de forma sistemática que usen contraseñas complejas, las cambien frecuentemente y que no las repitan en sitios diferentes o ajenos a los sistemas corporativos”, señaló Claudio Martinelli, director general de las Américas en Kaspersky.


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