Una de cada tres consultas al historial crediticio en México corresponde a la Generación Z (Gen Z). De acuerdo con Círculo de Crédito, Sociedad de Información Crediticia (SIC) con más de 20 años de experiencia en el sector, este grupo concentra el 29.21% de las consultas, una participación superior a la de otras generaciones. La cifra refleja un interés creciente por conocer su situación financiera desde etapas tempranas.
Este comportamiento, sin embargo, convive con un reto relevante. Las tasas de atraso entre la Gen Z se ubican entre las más elevadas del sistema, con un 25.9% en mujeres y 27.5% en hombres. La diferencia entre su interés por informarse y su desempeño pone sobre la mesa la necesidad de fortalecer la educación financiera desde el primer acceso al crédito.
Juan Manuel Ruiz Palmieri, CEO de Círculo de Crédito, explica que la Gen Z se acerca al sistema financiero con ventajas digitales, pero con menor experiencia en la gestión del financiamiento. “Es una generación que consulta, compara y busca información. El reto consiste en convertir ese interés en decisiones consistentes que permitan construir un perfil sólido desde el inicio”.
Acceso temprano, formación pendiente
Según el INEGI, el 37.3% de la población mexicana cuenta con al menos un crédito formal. En el caso de la Gen Z, este acceso suele darse en una etapa en la que aún se busca la seguridad laboral y los ingresos no son estables. Esta combinación de acercamiento temprano y experiencia limitada en el manejo ayuda a explicar los niveles de atraso observados.
“La educación financiera funciona como puente entre la consulta del historial y el cumplimiento de los compromisos. Comprender conceptos como capacidad de pago, impacto del atraso en el score, tasas de interés y efectos a largo plazo permite tomar decisiones que protejan el acceso futuro al financiamiento”, señala Ruiz Palmieri.
De la consulta a la acción
La elevada participación de la Gen Z en la consulta del historial crediticio muestra una generación dispuesta a informarse. El siguiente paso consiste en traducir esa información en acciones concretas, como establecer recordatorios de pago, evaluar la capacidad de endeudamiento y ajustar gastos cuando sea necesario.
Las herramientas digitales juegan un papel clave al ofrecer acceso inmediato al historial, alertas sobre cambios en el perfil y contenidos educativos en materia financiera. Integrar estos recursos desde el primer crédito puede marcar una diferencia importante en el desarrollo de hábitos saludables.
“La oportunidad está en acompañar a los jóvenes desde su entrada al sistema formal. Reforzar la educación financiera desde el primer acceso hace posible construir perfiles sólidos que abran oportunidades a lo largo de toda su vida crediticia”, concluye el CEO de Círculo de Crédito.


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