Las contribuciones de las mujeres al desarrollo de la tecnología moderna permanecen poco reconocidas, pese a que cerca del 80 por ciento de la infraestructura informática y de las herramientas digitales de uso cotidiano surgieron de investigaciones, diseños o desarrollos conceptuales encabezados por científicas e ingenieras, afirmó Claudia Rincón Pérez, especialista en tecnología e innovación digital.
La experta señaló que avances como el Wi-Fi, el Bluetooth, el GPS, los compiladores de programación y diversos sistemas que permiten el funcionamiento de dispositivos inteligentes tienen su origen en el trabajo de mujeres cuyos aportes quedaron fuera de buena parte de los registros históricos.
Entre las pioneras destacó a Ada Lovelace, considerada la primera programadora de la historia tras desarrollar el primer algoritmo para una máquina en el siglo XIX; Hedy Lamarr, coinventora del sistema de salto de frecuencia que dio origen al Wi-Fi, Bluetooth y redes celulares; Grace Hopper, creadora del primer compilador que abrió paso a lenguajes como COBOL, y Margaret Hamilton, responsable del software que permitió el alunizaje de la misión Apolo 11.
Rincón Pérez explicó que, durante las primeras décadas de la computación, la programación representó una actividad en la que participaron principalmente mujeres. Sin embargo, esa presencia perdió reconocimiento conforme la industria tecnológica adquirió mayor valor económico y prestigio profesional.
La especialista atribuyó este fenómeno a diversos factores, entre ellos la falta de reconocimiento a patentes e investigaciones realizadas por mujeres, además de estereotipos de género que, desde la década de 1980, asociaron las carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) con los hombres.
Añadió que esa brecha continúa vigente. De acuerdo con datos de organismos internacionales citados por Rincón Pérez, menos del 30 por ciento de los investigadores y profesionales dedicados a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en América Latina son mujeres, pese a que muchas de las bases de la computación moderna surgieron de científicas.
La especialista consideró que reconocer estas aportaciones permitirá ampliar los referentes para las nuevas generaciones interesadas en las disciplinas tecnológicas y contribuirá a reducir la brecha de género en un sector clave para el desarrollo económico y la innovación.


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