En México, el helado ya no es solo un postre estacional: es un ritual urbano, una pausa compartida y un pequeño lujo cotidiano. Con un mercado que supera los USD 1,080 millones y un consumo anual de alrededor de 129 millones de litros, la categoría vive una etapa de sofisticación donde sabor, experiencia y estilo se entrelazan.
En este escenario, Neverías Frody celebra 13 años de historia con una visión clara: convertir cada visita en una experiencia gastronómica accesible y contemporánea. Los primeros días cálidos del año ya comenzaron a sentirse en la Ciudad de México y en Cuernavaca (plaza estratégica por su clima y dinamismo turístico) y con ellos, el impulso natural por algo fresco y reconfortante.
En jornadas donde la temperatura supera los 26°C, Frody ha registrado incrementos de entre 18% y 25% en el flujo de clientes. El dato confirma algo que todos intuimos: el helado es uno de los primeros antojos que despierta el calor.
Pero más allá de la temperatura, lo que impulsa el consumo es la experiencia: el paseo, la conversación, el momento compartido.
Sabores que cuentan historias
La innovación este año tiene un claro acento emocional y gastronómico. En febrero, la nevería presentó el sabor “Gansito”, una reinterpretación cremosa de uno de los íconos más entrañables del antojo mexicano. Capas de chocolate, notas de fresa ligeramente ácidas y una textura suave que evoca infancia, pero con un balance más sofisticado en boca. Es nostalgia transformada en experiencia fría.
En marzo llega “Pepino Tajín”, un perfil vibrante que dialoga con la tradición callejera de fruta fresca con chile y limón. La combinación equilibra frescura vegetal, acidez cítrica y un toque especiado que despierta el paladar. Ideal para tardes cálidas, paseos sin prisa y quienes buscan algo menos dulce y más refrescante.
Con un portafolio de 48 sabores, la marca transita entre clásicos cremosos como Cajeta, Pay de Limón y Conejito (profundos, lácteos y reconfortantes) y nieves de agua como Mango, PicaFresa, Limón y Maracuyá, donde predominan notas frutales intensas y finales frescos.
Cada sabor responde a un momento distinto: indulgencia, ligereza, antojo nocturno o pausa de media tarde.
La evolución de Frody también se percibe en sus panaderías, concebidas para ampliar la experiencia más allá del postre. Con enfoque artesanal y atención a textura y aroma, la propuesta invita a combinar pan tibio con helado frío o acompañarlo con su Café de Olla en bolsa, de notas especiadas y carácter tradicional.
El resultado es una experiencia multisensorial: contraste de temperaturas, aromas que despiertan memoria y combinaciones que convierten una visita casual en un momento para quedarse.
A trece años de su fundación, la nevería entra en una etapa donde la estrategia empresarial y la sensibilidad gastronómica convergen. En un mercado en expansión y con consumidores cada vez más curiosos, la marca apuesta por sabores que conectan con la memoria colectiva, pero también con las tendencias actuales de frescura, contraste y experiencia compartida.


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